Cómo reducir la ansiedad por la comida


Del aislamiento podemos sacar muchas cosas positivas, pero una de ellas sin duda alguna es que disponemos mucho más de algo muy valioso para todos: el tiempo. Más tiempo para charlar con nuestros seres queridos, para leer, cocinar, para ser más creativos o para dar un impulso al negocio y reinventarse.


Tener tiempo desde luego tiene muchas cosas positivas, pero si hubiese que ponerle una pega sería que a veces puede dar lugar a que se piense demasiado en el futuro de forma negativa y eso acabe provocando ansiedad. Por otro lado, si juntas ansiedad con aburrimiento, ya tienes los ingredientes clave para ir a la cocina y comer lo primero que pilles dulce y calórico, una y otra vez, sin poder parar.


Esto produce una sensación de placer momentánea gracias a un neurotransmisor: la dopamina. Para que se entienda bien, cada vez que ingieres esos alimentos, el organismo libera ciertas cantidades de este mensajero químico, provocando una sensación de placer momentánea. Esto puede parecer de primeras algo positivo, pero realmente solo se estaría poniendo un parche a la ansiedad, ya que para mantener esa sensación de placer en el tiempo sería necesario volver a comer de nuevo, a pesar de no tener hambre. ¿No queremos eso verdad?



Por otro lado, el tomar alimentos con un índice glucémico elevado (esto es que el azúcar en forma de glucosa pasa a la sangre mucho más rápido), hace que nuestro cuerpo reciba energía rápidamente, pero igual de rápido que viene se va, por tanto no suelen ser alimentos saciantes ya que en poco tiempo se vuelve a tener ganas de comer, lo cual tampoco ayuda en momentos de ansiedad.


Ahora que entiendes un poquito más lo que pasa en tu organismo cuando tienes ansiedad por la comida, ¡llegan los remedios!. Sí. Todo tiene solución. Aunque te adelanto que vas a tener que poner de tu parte jugando con dos ingredientes fundamentales: intención y ganas de sentirte mejor. ¿Vamos a por ello?